La situación en Culiacán es un reflejo de la crisis de seguridad que sigue afectando a Sinaloa.
A pesar de los esfuerzos por controlar la violencia, esta continúa impactando de manera directa en la vida diaria de los ciudadanos.
Con más de ocho días sin policías municipales en las calles, el aumento de los robos y asaltos se ha disparado, afectando a los comercios, que han tenido que migrar sus ventas a plataformas digitales o implementar medidas de autoprotección.
Este vacío en la seguridad pública no es un hecho aislado, sino parte de una ola de violencia que sigue sin ser contenida.
El gobierno, en lugar de ofrecer una solución efectiva, parece ausente, agravando cada vez más el deterioro de la situación.
Mientras tanto, las autoridades estatales y federales aseguran que están cubriendo la seguridad en la capital, pero la realidad en las calles muestra lo contrario.
Los ciudadanos y los comerciantes están obligados a defenderse por su cuenta, ante la falta de un plan integral para garantizar su seguridad.
La pregunta que surge es: ¿Hasta cuándo seguirá el gobierno brillando por su ausencia, permitiendo que la inseguridad siga aumentando, y qué medidas tomarán para restablecer la tranquilidad en Culiacán antes de que el tejido social se deteriore aún más?
