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La UAS: la deuda que no se quiere ver

La crisis financiera en la Universidad Autónoma de Sinaloa dejó hace tiempo de ser un accidente y se convirtió en costumbre. Cada cierre de año, cada inicio de ciclo, la historia se repite con puntualidad: no hay dinero, los pagos están en riesgo y alguien más tiene que salir al rescate.

Hoy el problema ya tiene nombre y monto: 612 millones de pesos. Esa es la deuda que la UAS mantiene con el Gobierno del Estado, recursos que le fueron prestados para poder cubrir aguinaldos y quincenas en diciembre. Sin ese apoyo extraordinario, la universidad habría entrado en un conflicto laboral de grandes dimensiones.

Pero el auxilio no resolvió el fondo del problema. Apenas inicia 2026 y la UAS vuelve a estar contra la pared. El recurso federal no ha llegado y la primera quincena del año está en riesgo. El discurso es el mismo de siempre; el desorden financiero, también.

El gobernador Rubén Rocha Moya puso una condición clara para otorgar el préstamo: recortar una nómina que ya no es sostenible. Y no se trata de un capricho político, sino de una realidad contable. La universidad arrastra sueldos elevados, estructuras administrativas sobredimensionadas y una lista de aviadores que ha sido señalada una y otra vez, sin consecuencias visibles.

La reingeniería financiera que ahora anuncia la UAS, basada en descuentos a personal activo y jubilado, parece una salida fácil que evita tocar los verdaderos intereses. Ajustar a quienes sí trabajan no es sinónimo de corregir; es, en todo caso, patear el problema unos meses más adelante.

La autonomía universitaria no puede ser un salvoconducto para la opacidad ni para el gasto sin control. Una institución pública no puede funcionar bajo la lógica del endeudamiento permanente ni de los rescates de última hora. Menos cuando la deuda ya alcanza cifras que pesan en las finanzas del propio estado.

La pregunta ya no es si la UAS tiene problemas de dinero, sino cuánto tiempo más seguirá evitando las decisiones que realmente podrían sacarla del hoyo. Porque mientras no se ordene la casa, la deuda crecerá… y el cuento seguirá repitiéndose.

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