La quincena que no llega y la universidad que se hunde Por segunda ocasión consecutiva, la…
La UAS en jaque: destitución de Robespierre Lizárraga afecta a estudiantes y trabajadores
La reciente destitución de Robespierre Lizárraga como encargado del despacho de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) ha generado un fuerte impacto en la comunidad universitaria.
El juez encargado del caso justificó su decisión señalan do que los cargos actuales obstaculizan el avance de las siguientes etapas del proceso legal que enfrenta la universidad.
No obstante, el verdadero peso de esta determinación no recae en las instancias judiciales ni en el gobierno, sino en los estudiantes y trabajadores de la UAS, quienes se han visto afectados por un conflicto que parece responder más a intereses políticos que a un afán de justicia.
Entre los perjudicados están los cientos de jóvenes que esperan la firma de sus títulos, un trámite vital para poder acceder a oportunidades laborales.
Esta situación deja en evidencia el nivel de perjuicio que decisiones como esta pueden generar en la vida de los estudiantes. Asimismo, los trabajadores de la universidad enfrentan la incertidumbre respecto al pago de sus aguinaldos y quincenas, derechos adquiridos que dependen de la validación administrativa por parte de Lizárraga, cuya firma es necesaria para concretar estos compromisos.
En este contexto, es inevitable señalar la injerencia del gobernador del estado, Rubén Rocha Moya, y la nueva fiscal, cuyas acciones parecen estar alineadas en un intento de control sobre la UAS.
Más que una resolución en favor de la legalidad, se percibe una intervención con tintes políticos.
El conflicto que la Universidad Autónoma de Sinaloa ha enfrentado en los últimos meses ha puesto en duda la verdadera intención detrás de este proceso.
¿Realmente se busca resolver un problema legal o estamos ante el capricho de quienes hoy ostentan el poder en Sinaloa?
La comunidad universitaria se encuentra en un estado de parálisis institucional que, de no resolverse pronto, afectará no solo a los estudiantes que buscan graduarse, sino también a las familias de los trabajadores que dependen de la estabilidad de la universidad para sobrevivir.
¿Qué tan lejos están dispuestos a llegar los actores políticos antes de priorizar las necesidades reales de la comunidad universitaria?
