En el corazón de Culiacán, a plena luz del día, dos diputados locales fueron agredidos…
La quincena que no llega y la universidad que se hunde
La quincena que no llega y la universidad que se hunde
Por segunda ocasión consecutiva, la Universidad Autónoma de Sinaloa vuelve a fallarle a su gente. La quincena de fin de mes no se pagará en tiempo y forma y, según se ha informado, el recurso llegará —otra vez tarde— entre el 2 y el 3 de febrero.
Para algunos, podría parecer un simple “ajuste administrativo”. Para miles de trabajadores universitarios, administrativos y docentes, es un golpe directo a su economía.
No estamos hablando de un retraso menor ni de una excepción aislada.
Estamos hablando de familias que dependen casi exclusivamente de ese ingreso para cubrir renta, créditos, colegiaturas, servicios y deudas adquiridas con fechas claras de pago.
Cuando el salario no llega, lo que sí llega son los intereses, las penalizaciones y el estrés financiero. Y eso, en una institución educativa pública, es simplemente inadmisible.
La crisis financiera de la UAS ya no es un secreto ni un rumor de pasillo.
Es una realidad que se manifiesta quincena tras quincena y que hoy tiene nombre y apellido en la rectoría: Jesús Madueña Molina.
Hasta el momento, su administración no ha logrado estabilizar las finanzas universitarias ni presentar una solución inmediata y creíble que garantice el pago puntual a quienes sostienen la operación diaria de la institución.
Lo más preocupante es que, mientras los trabajadores enfrentan retrasos y consecuencias económicas reales, no se observan decisiones firmes para reducir el gasto excesivo al interior de la universidad.
Siguen los señalamientos sobre aviadores, sobresueldos y una estructura inflada que drena recursos, sin que exista una política clara de recortes ni de austeridad real.
Una austeridad que, por cierto, debería empezar desde arriba, en los salarios más altos, incluido el del propio rector.
Resulta ofensivo que se pida paciencia a quienes viven al día, mientras se mantienen privilegios y sueldos exorbitantes en la alta burocracia universitaria. La falta de decisiones contundentes no es neutral: perjudica directamente a miles y beneficia a unos cuantos.
La UAS no solo enfrenta una crisis financiera; enfrenta una crisis de liderazgo. Porque administrar una universidad no es solo inaugurar obras o emitir comunicados, sino garantizar lo más básico: que quien trabaja, cobre a tiempo. Cada quincena retrasada erosiona la confianza, la estabilidad laboral y la dignidad de su comunidad.
Hoy, la pregunta no es si habrá pago el 2 o el 3 de febrero. La verdadera pregunta es cuántas quincenas más tendrán que esperar los trabajadores para que alguien, en la rectoría, asuma la responsabilidad y haga los ajustes que nunca quiso hacer.
Porque una universidad que no puede pagarle a su gente, es una universidad que ha perdido el rumbo.
