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La justicia al azar: jueces y magistrados en una tómbola
El 2025 promete un cambio radical en el sistema judicial mexicano, pero no precisamente para mejor.
La propuesta de que jueces y magistrados sean seleccionados mediante una tómbola, como si fuera un sorteo de la Lotería Nacional, ha desatado indignación y preocupación entre especialistas en derecho, académicos y, sobre todo, entre aquellos que aún creen en la independencia judicial.
¿Estamos dispuestos a dejar en manos del azar algo tan fundamental como la justicia?
Este insólito sistema, que suena más a una estrategia de espectáculo que a una verdadera reforma judicial, elimina la meritocracia y los criterios rigurosos de evaluación que alguna vez aseguraban que los jueces tuvieran una preparación adecuada para tomar decisiones que afectan vidas.
En lugar de un examen riguroso, la balanza de la justicia ahora dependerá de una esfera que gira, y el destino de los ciudadanos será determinado por la suerte.
Lo más alarmante es la justificación ofrecida por los promotores de esta iniciativa.
Se argumenta que con esta medida se elimina la corrupción y el tráfico de influencias.
Es irónico, porque el problema no es quién llega al poder judicial, sino cómo y por qué. Si la corrupción es el problema, la solución no debería ser sustituir el proceso por uno al azar, sino establecer mecanismos de transparencia y responsabilidad.
Pero aquí, parece que la lógica se ha tirado por la borda.
Imaginemos los casos delicados que recaerán en manos de estos “ganadores” del sorteo: criminales peligrosos, empresas poderosas en litigios multimillonarios, y derechos fundamentales de ciudadanos comunes.
¿Quién garantizará que los nuevos jueces tengan la capacidad, el criterio y la integridad para lidiar con estos casos? ¿Cuántas injusticias más se cometerán por incompetencia?
México vive una crisis de confianza en sus instituciones, y en lugar de fortalecerlas, este tipo de reformas las debilita aún más.
Si el objetivo es restituir la fe en el sistema judicial, esta tómbola es, sin duda, el camino equivocado.
Ante este panorama, la pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo la justicia en México será un juego de azar, y cuántos perderán en esta peligrosa ruleta?
