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Familiares denuncian asesinato injustificado en operativo en Culiacán

El 21 de septiembre en la zona de Tres Ríos, Culiacán, se vivió un evento trágico que ha sacudido no solo a los habitantes de la zona, sino a toda la comunidad sinaloense.

Durante un operativo policial en un edificio de departamentos, Juan Carlos, un joven emprendedor del sector restaurantero, fue abatido por elementos de la Guardia Nacional y la Policía Estatal.

Los reportes oficiales lo señalan como uno de los implicados en los recientes enfrentamientos entre grupos delictivos, pero su familia y amigos han salido a desmentir estas versiones, exigiendo justicia y la limpieza de su nombre.

 

Un texto que circula en redes sociales, dirigido al gobernador Rubén Rocha Moya, relata una versión completamente distinta de los hechos.

Según este testimonio, el operativo estuvo mal ejecutado desde el inicio.

Las fuerzas policiales habrían lanzado bombas de gas lacrimógeno dentro del departamento de Juan Carlos, afectando no solo a él, sino también a su pareja y a su hija pequeña.

Según el texto, cuando Juan Carlos intentó evacuar el gas para salvar a su bebé, fue brutalmente abatido a sangre fría, sin estar armado ni representar una amenaza.

La indignación de los familiares es palpable.

Alegan que las autoridades, lejos de reconocer el error, han manejado el caso de forma conveniente para justificar la muerte de Juan Carlos, catalogándolo como uno de los sicarios involucrados en los enfrentamientos.

La imagen de la pareja de Juan Carlos y su hija, viralizada como parte del operativo, es presentada en los medios como un “rescate”, pero los familiares insisten en que la realidad fue muy diferente. 

La versión oficial aún no esclarece los detalles, mientras que la comunidad sigue preguntándose por qué las autoridades permitieron que los cuerpos permanecieran en el lugar hasta la mañana siguiente.

Además, los vecinos del edificio se quejan de no poder acceder a sus propios hogares debido a la prolongada presencia de las fuerzas del orden, y algunos, como el testigo que difundió el texto, han encontrado sus puertas abiertas tras regresar.

El incidente abre múltiples interrogantes sobre la transparencia y profesionalismo en los operativos de seguridad. ¿Realmente se está aplicando justicia, o estamos ante otro caso en el que las víctimas son criminalizadas para justificar el uso excesivo de la fuerza?

 

¿Qué tan dispuestas están las autoridades a reconocer sus errores y brindar una respuesta clara a la familia de Juan Carlos y a la sociedad, que demanda justicia?

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