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Una ola de violencia que desafía a Mazatlán y Culiacán

La violencia no cede en Sinaloa. Este fin de semana, Juan Ramón Alfaro Gaxiola, exsecretario de Seguridad Pública de Mazatlán, fue asesinado frente a su domicilio en la colonia hacienda de Urías,en un ataque que recuerda al homicidio reciente de su antecesor, Simón Malpica Hernández. Ambos crímenes ocurrieron de manera similar: en sus propias viviendas y bajo una clara planeación de sus ejecutores .
La ejecución de Alfaro Gaxiola se suma al clima de inseguridad que permea en Mazatlán, una ciudad que enfrenta retos enormes bajo la administración de la alcaldesa Estrella Palacios, quien recientemente aseguró contar con respaldo de las fuerzas federales.
Sin embargo, los hechos parecen contradecir estas declaraciones. Apenas unas semanas antes, Malpica fue ultimado en circunstancias casi idénticas, una señal inquietante de la vulnerabilidad de quienes han estado al frente de la seguridad pública en este municipio .
Por su parte, Culiacán tampoco ha sido ajeno a la violencia.
La noche de este domingo 24 de noviembre, se registraron múltiples enfrentamientos armados que dejaron varias víctimas, sumando más incertidumbre en una ciudad donde el crimen organizado parece operar con impunidad.
Los ataques en ambas ciudades son un golpe directo al sistema de justicia y a la percepción de control que deberían ejercer las autoridades en el estado.
Este panorama plantea una pregunta inevitable: ¿Qué tan fracturadas están las estructuras de seguridad en Sinaloa, y quién realmente tiene el control de sus ciudades?
